Vivimos en un mundo lleno de datos y de posibilidades. Vemos como continuamente nos bombardean con ofertas de haz esto o lo otro. Para elegir tenemos a nuestra disposición miles de datos que se nos proporcionan en muy poco tiempo. Al final sentimos un aturdimiento que nos termina bloqueando.
Esto me recuerda la historia del asno de Buridán, y lo que nos dicen Guillermo de Ockam, a Sherlock Holmes, y Spock en Star Trek.
El Asno de Buridán. Que le ponen dos montones de heno y como no se decide a comer de ninguno, al verlos iguales, acaba muriendo de inanición.
Gillermo de Ockam, en igualdad de condiciones la solución más sencilla es probable que sea la más correcta.
Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle: si eliminas lo imposible, lo improbable te llevará a la solución.
Spock en Star trek. Si eliminamos lo imposible, lo que nos queda, aunque se improbable debe contener la verdad.
En estos casos se trataría más de la resolución de problemas que de realizar una elección. Pero realizar una elección correcta, no es, en definitiva, lo mismo que resolver un problema. Estamos en un cruce de caminos y debemos optar por uno de ellos, elegiremos el que creemos que más se acerca a lo que queremos conseguir.
Proceso de elección.
Primero: debemos tener en cuenta las alternativas sobre las que queremos realizar a elección.
Segundo: reducir dichas alternativas al menor número posible.
Tercero: considerar los pros y los contras.
Cuarto: elegir la opción que consideramos que es a más conveniente.
Quinto: llevar a la práctica nuestra elección.
En el proceso de llevar a cabo la acción elegida, deberemos comprobar si los resultados que vamos obteniendo son los que esperábamos. Por eso también es importante que revisemos que se están cumpliendo los objetivos, y vayamos aprendiendo de los errores. También realizaremos evaluaciones periódicas, con la intención de descubrir si nos desviamos del camino y tenemos que adoptar medidas que nos devuelvan al sendero que nos lleva a la meta marcada.
Revisemos el proceso.
1.- Alternativas, aquí podemos poner las que queramos, pero teniendo en cuenta que quedará al final con una sola.
2.- Reducir el número de alternativas. Primero descartamos las más descabelladas y, a continuación, nos quedamos con las que estén más en consonancia con lo que buscamos.
3.- Reducimos el número de alternativas a dos, y marcamos los pros y los contras de cada una. Por ejemplo, podemos puntuar del uno al diez cada idea a favor que se nos ocurra, y a la inversa podemos puntuar del menos uno a al menos diez cada idea en contra. Sumamos la puntuación a favor y restamos la puntuación en contra, y así obtendríamos un resultado que facilitará la decisión que adoptemos.
4.- Una vez obtenido el resultado nos quedamos con la que mayor puntuación obtenga.
5.- Pasamos a la acción llevamos a la práctica la decisión que hemos tomado, y nos encaminamos a la consecución de nuestros objetivos.
Siempre deberemos revisar si estos objetivos se están cumpliendo, con la intención de adaptarnos a las circunstancias y no desviarnos de nuestras metas.
Pequeños cambios que nos llevan a obtener grandes resultados.